Era 10
agosto de 2012, el antepenúltimo día de competencia en los Juegos Olímpicos
disputados en Londres, Reino Unido. El London Stadium no se esperaba lo
que ese día pasaría. La final del 4x400 atraería todos los ojos del mundo.
Aparte de ser una de las pruebas reinas del atletismo, un personaje sería el
causante de captar la atención del planeta entero. Ese era Óscar Pistorius. Él
completaba el cuarteto sudafricano para disputar la mencionada prueba. Pero él
no llamaba la atención por ser de los mejores, sino porque le faltaba una
herramienta fundamental para el atletismo: sus piernas.
Óscar
Leonard Carl Pistorius nació el 22 de noviembre de 1986 en un suburbio al norte
de Johannesburgo, Sudáfrica llamado Sandton. Faltando un mes para cumplir su
primer año de edad, le amputaron ambas piernas por no tener peroné, debido a
una anomalía genética. Aprendió a vivir con su discapacidad, pero la vida le
traería otro golpe a los 15 años de edad, cuando por culpa de una reacción
alérgica a un tratamiento para la malaria, moriría su madre. Sin embargo, no se
dejaría caer ante la adversidad, y empezaría a practicar deportes. Lo haría con
el rugby, pero a causa de una lesión, llegaría a la pista atlética para
aprovechar sus habilidades, aunque para poder competir debía utilizar prótesis
transtibiales construidas en fibra de carbono. De manera inmediata, el
sudafricano empezó a llamar la atención cuando le ganaba a referentes del
atletismo paralímpico de su país natal.
Con 18 años
disputaría sus primeros Juegos Paralímpicos, competidos en Atenas, Grecia;
obteniendo una medalla de bronce y una de oro en la modalidad de 100 y 200
metros planos respectivamente. Cuatro años después, en Beijing, se sentía
preparado para algo más; el competir en los juegos con personas sin discapacidad
era su objetivo, que se vio apagado mediante el fallo emitido por la IAAF
(Asociación Internacional de Federaciones Atléticas), quienes argumentaban que
el uso prótesis le darían un tipo de ventaja impidiéndole la participación en
los Olímpicos. Pistorius, resignado competería en los Paralímpicos logrando
tres medallas de oro y rompiendo récords mundiales, logrando ratificar su
poderío y dominio en la categoría. Llegaría su momento de desquite, en Londres,
cuatro años después, ya que se le permitiría competir con personas sin
discapacidades, incluso con el descontento de muchos. Este hito le adjudicó ser
el primer atleta con doble amputación en competir en una cita olímpica.
Lograría llegar hasta semifinales de la prueba individual de los 400 metros y
llegaría hasta la final de los 4x400 metros logrando un penúltimo puesto. Los
resultados eran lo de menos, el mundo estaba impresionado por lo hecho por
Pistorius. ¡Un ejemplo de gallardía y dedicación!
Su real personalidad:
Hablar de
Óscar Pistorius era sinónimo de orgullo y de un verdadero ejemplo de
superación. Venía de unos destacables Juegos Olímpicos, que lo habían
convertido en un personaje apetecido por las marcas para ser patrocinado, sin
duda alguna, estaba en su mejor momento. Tenía una relación "estable"
con Rebecca Steenkamp, bellísima modelo nacida en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.
El objetivo de esta pareja era aparecer en medios como una relación salida de
un poema: perfecta. No se podía estar más equivocado, tal amorío era una farsa.
Todo ello se vio evidenciado ante los ojos del mundo, en el amanecer de un 14
de febrero de 2013, paradójicamente el Día de San Valentín, cuando en la
residencia de Pistorius y Steenkamp, ubicada en Pretoria, se escucharon gritos
de auxilio de la modelo y, a continuación, cuatro disparos; después el que
pedía auxilio era Pistorius. Entre los vecinos se expandía la incertidumbre y
el miedo. Uno de ellos, quien vivía a no
más de 100 metros, luego de oír el altercado, fue a la casa y en el momento de
llegar a la escena, estaba Óscar arrodillado al lado del cuerpo de Steenkamp,
el cual estaba tendido en un charco de sangre. El atleta, quien estaba
ofuscado, argumentaba haber confundido a su mujer con un ladrón, algo que,
tiempo después, entraría en controversia por la cantidad de disparos y por el
relato de los vecinos. Todo era confuso, lo único claro es que él había
disparado en cuatro ocasiones en el baño de su casa a su novia.
Días después
se sabría la verdad. Óscar Pistorius era un celoso maniático y por mensajes de
Whatsapp del celular de su pareja, le empezaría a golpear con un bate de
cricket, objeto que, por forcejeo de ambos, se rompería, hecho que hizo que él
agarrara su Smith & Wesson 500 y le propinara cuatro disparos, siendo tres
que impactarían en el cuerpo de Rebecca Steenkamp. Sería condenado a siete años
de prisión, que posteriormente se aumentarían a trece por las múltiples pruebas
en su contra.
El refrán
"ojos vemos, corazones no sabemos", aplica de maravilla para Óscar
Pistorius. A los ojos del mundo, un ejemplo de superación y perseverancia, pero
adentro de los muros de su casa un maltratador de mujeres, porque Rebecca no
fue la primera, ya que una expareja del sudafricano llamada Samantha Taylor
relató, al Daily Mirror, haber sufrido un infierno en los 18 meses que estuvo
con él, pues era posesivo y agresivo con ella. ¿Será que esa imagen que
intentaba mostrar al mundo entero de ser una persona que supera las barreras
que da la vida, era una fachada para esconder su horrenda personalidad?,¿o
simple casualidad?
Ese es Óscar Pistorius, hombre que buscaba
quedar en la historia como un atleta que venció los límites, pero que en
realidad se recordará por ser un psicópata feminicida




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