domingo, 5 de enero de 2020

LA DIABLADA PILLAREÑA



La Diablada Pilllareña, se realiza todos los años, del 1 al 6 de enero en Píllaro – Ecuador., esta manifestación cultural, en 2009 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador.
Esta festividad tiene sus inicios en la época de la colonia, como un acto de rebeldía indígena y mestiza contra el poder y contra la religión católica.
Otra versión, es que  la época de la colonia un cacique de la actual ciudad Pelileo, cansado de los impuestos y demandas de la corona española, organizó una revuelta que coincidiría con la celebración del Corpus Cristi (fiesta católica). Para demostrar su inconformidad iban a  irrumpir en esta fiesta disfrazados de Diablos.  Este intento de rebelión fue frustrado porque la noticia se filtró entre los habitantes de la localidad.

                                                                                                                                                                 
Por esta razón, mientras en gran parte de Ecuador y el mundo católico cada 6 de enero se celebra la fiesta de los Reyes Magos, en el cantón Pillaro, Tungurahua, se cumple una tradición folclórica y ancestral que evoca y encarna al paganismo en su máxima expresión. Esta es la celebración más grande e importante de la localidad y en cada edición reúne alrededor de 80 mil visitantes de todo el país y otras naciones.                                                                             

La Diablada, como se conoce al desfile, identifica a las comunidades de Marcos Espinel y Tunguipamba. Entre el primero y el sexto día del año sus habitantes se convierten en el centro de atención al tomarse las calles de Píllaro. Según la tradición, sólo ellos podían participar en las  festividades. Ahora, sin embargo, está permitido que los habitantes de otras ciudades bailen junto a ellos vestidos de diablos o de otros personajes. Cada uno de los personajes que integran las legiones tiene su historia y su razón de ser en la Diablada. 


  
Diablos
Son los guardianes de sus territorios y comunidades locales, protegen a las parejas de línea bailando a su alrededor, asustando y divirtiendo a los espectadores. Personajes que conservan la memoria de antiguos enfrentamientos, mitos y leyendas de la rebeldía de las comunidades.
Simboliza el ser malo que todos llevamos dentro. Resaltan los colores rojos que simbolizan al infierno y el negro a la oscuridad. Personaje principal de la fiesta.   

                                                              

Guaricha
Son alegres disfrazados que representan a la mujer en una faceta menos aceptada por el conservadurismo de la ciudad (pícara, coqueta y juguetona). Abren espacio entre las parejas de línea y los espectadores con burlas y juegos, lleva un boyero, un muñeco de plástico que representa a su hijo, y una bolsa de colaciones para repartir a los niños, además ofrece licor a quienes mira la comparsa.



Parejas de línea
Representan a las élites del pueblo de cierta manera sarcástica en sus inicios, tomando sus movimientos en el baile de salón y acoplándolos a la música indígena y mestiza. Las parejas de línea encantan destreza al momento de ejecutar el baile, sus movimientos son acompasados y elegantes.



                                                                                 

 Capariche
Son personajes que representan a los indígenas que trabajaban de barrenderos de la ciudad, que en su momento era considerado el trabajo más bajo y por ende peor pagado. Llevan una escoba elaborada de espinos, retama y ortigas para “limpiar las calles” y abrir espacio para el baile de las parejas de línea.                                               



Banda de Pueblo
El conjunto musical que anima la celebración entona sanjuanito, pasacalles y tonadas. En los repasos los músicos interpretan violín y guitarra. En la fiesta la banda resuena con bombo, platillos, trombones, trompetas, saxos, clarinetes y tambores.









Cabecilla
Organizador de la fiesta en cada comunidad, su misión es trasmitir los conocimientos a las nuevas generaciones y verificar un buen desenvolvimiento de sus bailadores y acompañantes.

El rojo es el color predominante de los atuendos de quienes desfilan e inundan de alegría las céntricas calles de la ciudad. Los trajes además incluyen flequillos, puños, guaraguas y demás adornos, en tonalidades negras, amarillas, verdes, lilas, marrones y azules.
Sin embargo, las enormes e intimidantes máscaras de la fiesta ponen el toque distintivo. Para muchos este elemento es la esencia de la Diablada, pues personifica el sentido pagano, rebelde y contestatario.
La celebración de la diablada integra a la familia, a los barrios, a las comunidades alrededor de una fiesta libertaria, que lejos de adorar al personaje que representan simboliza la resistencia frente a los poderes opresores colonizadores. 






“Cada careta está valorada entre $ 80 y $ 300, de acuerdo con la talla; su base está compuesta por gran cantidad de papel, cartón y engrudo, y son expuestas durante casi todo el año en la mayoría de talleres/hogares en los que se manufacturan.”

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