Yo soy una
casa En mí está oscuro. Mi conciencia es una luz solitaria. Una vela atrapada
en una sequía. Parpadea. Todo lo demás yace en las sombras. (Freud, T01E09
Netflix 2020.)
La primera colaboración
austriaca con Netflix trajo un poco de humo y fuego apenas el drama
psicológico-Thriller se lanzó en marzo de este año. Ambientada en 1866, con un
total de ocho episodios largos, pero intrigantes, es la historia de una de las
figuras más famosas de la psicología y psicoanálisis en el mundo, SigmundFreud.
Este no es el método
Freud de Cronenberg del método peligroso, la verdad sea dicha, aunque el
enfoque metódico se encuentra en una raíz ficticia. El campeón austriaco de un
cuento de terror, Marvin Kren, ideó una gran obra maestra de psicología tabú
que juega con tu mente a cada momento.
Hipnotiza a los
fanáticos de Vienna Blood, The Ripper Street, Taboo o Penny Dreadful, y por una
buena razón.
Por medio de los ocho
episodios nombrados de manera sólida a partir de ocho etapas de su análisis:
histeria, trauma, somnambulante, tótem y tabú, deseo, regresión, catarsis, y
supresión. Nos encontramos con el joven científico interpretado por el
brillante actor austriaco, Robert Finster, al comienzo de su práctica doctoral
como residente de un hospital. Doblando Viena son los corredores y las calles
de Praga, el jóven médico está lejos de ser su referencia de supresión sexual
venerada o moderna que se suele ver en la cultura pop.
En la serie, Freud es
apodado como Shlomo por su colega y amigo, sus ideas sobre la hipnosis y su uso
para acuñar el psicoanálisis son obscenas, y las ansiedades son vistas como
mentiras desnudas de sus superiores.
Las disputas médicas a
finales del siglo XIX se encuentran en el borde de la era pionera en ciencias
naturales, tienen aquí actitudes bastante interesantes y prácticas. Las salas
blancas todavía usan terapia de hielo y asilamiento mientras tratan la enfermedad
de la mente desde afuera.
Desde el primer episodio
hasta el último, Freud está conceptualizando la idea de una mente como un
laberinto que apenas está bien iluminado, lleno de inseguridades y obscuridad.
Su primera presentación incluye un poco de truco de charlatán y su experimento
es rechazado con una risa sólida. Coinciden las noticias en una estación de
policia local de un asesinato extraño de una prostituta, y más tarde, se suma
la tensión: una desagradable e inusual desaparición de una niña.
Envuelto en las ominosas
formas de persecución, el teniente George Friedrich (interpretado por Alfred
Kiss) se cruza con Freud cuando éste se convierte en una especie de consultor
como al estilo Sherlock-Watson.
Por otro lado, las
amistades de Freud lo llevarán a la noble familia de Szapáry, una nobleza
húngara que ahora prende fuego en el corazón de Viena con su provocativa
bacanal y su política radical de Austria. Esta capa permanece acentuada en gran
medida durante la mayor parte de la serie, pues los detalles historiográficos y
las mareas sociopolíticas del antisemitismo junto con la independencia se están
extendiendo.
Agregando más del
encanto de Penny Dreadful y su imagen sombría, se encuentra un personaje
importante: la protegida de Szapáry, Fleur Salome (Ella Rumpf), que marca el
ritmo con Freud en un dueto apasionado, pero premonitorio. Un vidente y un
terapeut, ambos con ideas poco concisas de sí mismos, estos unen fuerzas para
enfrentar a un monstruoso asesino en serie que atesora el subsuelo de los
rincones sin hogar de Viena. Con la oscuridad reflejada en los protagonistas,
la atmósfera de la serie resulta en un encanto desigual, aunque la ejecución de
los actores y la dirección por igual son más que satisfactorios.

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