lunes, 29 de junio de 2020

Carrera a lo profundo



Era 10 agosto de 2012, el antepenúltimo día de competencia en los Juegos Olímpicos disputados en Londres, Reino Unido. El London Stadium no se esperaba lo que ese día pasaría. La final del 4x400 atraería todos los ojos del mundo. Aparte de ser una de las pruebas reinas del atletismo, un personaje sería el causante de captar la atención del planeta entero. Ese era Óscar Pistorius. Él completaba el cuarteto sudafricano para disputar la mencionada prueba. Pero él no llamaba la atención por ser de los mejores, sino porque le faltaba una herramienta fundamental para el atletismo: sus piernas.
Óscar Leonard Carl Pistorius nació el 22 de noviembre de 1986 en un suburbio al norte de Johannesburgo, Sudáfrica llamado Sandton. Faltando un mes para cumplir su primer año de edad, le amputaron ambas piernas por no tener peroné, debido a una anomalía genética. Aprendió a vivir con su discapacidad, pero la vida le traería otro golpe a los 15 años de edad, cuando por culpa de una reacción alérgica a un tratamiento para la malaria, moriría su madre. Sin embargo, no se dejaría caer ante la adversidad, y empezaría a practicar deportes. Lo haría con el rugby, pero a causa de una lesión, llegaría a la pista atlética para aprovechar sus habilidades, aunque para poder competir debía utilizar prótesis transtibiales construidas en fibra de carbono. De manera inmediata, el sudafricano empezó a llamar la atención cuando le ganaba a referentes del atletismo paralímpico de su país natal.















Con 18 años disputaría sus primeros Juegos Paralímpicos, competidos en Atenas, Grecia; obteniendo una medalla de bronce y una de oro en la modalidad de 100 y 200 metros planos respectivamente. Cuatro años después, en Beijing, se sentía preparado para algo más; el competir en los juegos con personas sin discapacidad era su objetivo, que se vio apagado mediante el fallo emitido por la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones Atléticas), quienes argumentaban que el uso prótesis le darían un tipo de ventaja impidiéndole la participación en los Olímpicos. Pistorius, resignado competería en los Paralímpicos logrando tres medallas de oro y rompiendo récords mundiales, logrando ratificar su poderío y dominio en la categoría. Llegaría su momento de desquite, en Londres, cuatro años después, ya que se le permitiría competir con personas sin discapacidades, incluso con el descontento de muchos. Este hito le adjudicó ser el primer atleta con doble amputación en competir en una cita olímpica. Lograría llegar hasta semifinales de la prueba individual de los 400 metros y llegaría hasta la final de los 4x400 metros logrando un penúltimo puesto. Los resultados eran lo de menos, el mundo estaba impresionado por lo hecho por Pistorius. ¡Un ejemplo de gallardía y dedicación!

Su real personalidad:

Hablar de Óscar Pistorius era sinónimo de orgullo y de un verdadero ejemplo de superación. Venía de unos destacables Juegos Olímpicos, que lo habían convertido en un personaje apetecido por las marcas para ser patrocinado, sin duda alguna, estaba en su mejor momento. Tenía una relación "estable" con Rebecca Steenkamp, bellísima modelo nacida en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. El objetivo de esta pareja era aparecer en medios como una relación salida de un poema: perfecta. No se podía estar más equivocado, tal amorío era una farsa. Todo ello se vio evidenciado ante los ojos del mundo, en el amanecer de un 14 de febrero de 2013, paradójicamente el Día de San Valentín, cuando en la residencia de Pistorius y Steenkamp, ubicada en Pretoria, se escucharon gritos de auxilio de la modelo y, a continuación, cuatro disparos; después el que pedía auxilio era Pistorius. Entre los vecinos se expandía la incertidumbre y el miedo.  Uno de ellos, quien vivía a no más de 100 metros, luego de oír el altercado, fue a la casa y en el momento de llegar a la escena, estaba Óscar arrodillado al lado del cuerpo de Steenkamp, el cual estaba tendido en un charco de sangre. El atleta, quien estaba ofuscado, argumentaba haber confundido a su mujer con un ladrón, algo que, tiempo después, entraría en controversia por la cantidad de disparos y por el relato de los vecinos. Todo era confuso, lo único claro es que él había disparado en cuatro ocasiones en el baño de su casa a su novia.














Días después se sabría la verdad. Óscar Pistorius era un celoso maniático y por mensajes de Whatsapp del celular de su pareja, le empezaría a golpear con un bate de cricket, objeto que, por forcejeo de ambos, se rompería, hecho que hizo que él agarrara su Smith & Wesson 500 y le propinara cuatro disparos, siendo tres que impactarían en el cuerpo de Rebecca Steenkamp. Sería condenado a siete años de prisión, que posteriormente se aumentarían a trece por las múltiples pruebas en su contra.
El refrán "ojos vemos, corazones no sabemos", aplica de maravilla para Óscar Pistorius. A los ojos del mundo, un ejemplo de superación y perseverancia, pero adentro de los muros de su casa un maltratador de mujeres, porque Rebecca no fue la primera, ya que una expareja del sudafricano llamada Samantha Taylor relató, al Daily Mirror, haber sufrido un infierno en los 18 meses que estuvo con él, pues era posesivo y agresivo con ella. ¿Será que esa imagen que intentaba mostrar al mundo entero de ser una persona que supera las barreras que da la vida, era una fachada para esconder su horrenda personalidad?,¿o simple casualidad?
Ese es Óscar Pistorius, hombre que buscaba quedar en la historia como un atleta que venció los límites, pero que en realidad se recordará por ser un psicópata feminicida


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