martes, 30 de junio de 2020

La mujer que nació para servir


Foto de : Manuela Arellano


En el 2019 Caldas presentó 102 líderes amenazados

“El primer mes se metieron al baño del restaurante y quebraron el lavamanos. Creímos que eran muchachos que tenían problemas de drogadicción y que querían llamar la atención. El segundo mes se metieron al restaurante y nos robaron 300 mil pesos. Nos dañaron todos los cubiertos, seguramente para que no atendiéramos más. Al siguiente mes, con piedras, nos quebraron todas las vidrieras del restaurante y a mí compañera le pusieron un revólver en la cabeza… le dijeron que teníamos que abandonar el sitio. Al final fuimos a recoger las cosas y entré al baño a revisar que no hubiera nadie. Cuando me asomé había un papel doblado, era un panfleto para mí. En él decían que sabían que era una líder social, que sabían del abogado, que es mi hijo; la enfermera, que es mi hija, y de la empresa de mi otra hijita. Concluían dándome un plazo para alejarme. Eso fue lo que me dobló”.

Dirigir el restaurante Saberes y Quereres en la Universidad de Caldas fue todo un desafío para Martha Pineda. Fue un programa enfocado en la reparación de la historia y reconciliación de las mujeres que han tenido vinculación con el desplazamiento forzado por gruposarmados.

Al correr el tiempo, la situación del restaurante comenzó a cambiar. El ambiente se sentía más denso e inseguro. Su trabajo con los reinsertados era de tú a tú, y eso resultó ser molesto para muchos grupos al margen de la ley. De esa manera, comenzaron las anomalías dentro del lugar. Cada mes el caos era mayor hasta que no pudieron seguir.

Una líder apasionada por el campo

Martha Mayrene Pineda Barbosa inspira confianza en las personas, pues tiene una visión clara de lo que quiere y cómo lo puede conseguir. Es una mujer luchadora, que siempre está motivando a las personas a salir adelante, con sus consejos, su trabajo, sus creencias y deseos, crea pasiones en las demás personas.

Al igual que tiene virtudes, también tiene defectos. Para su hijo, el más notorio es lo radical que puede llegar a ser. No tolera la mentira bajo ninguna circunstancia. Es una mujer que hasta el sol de hoy lucha por mejorar no solo su vida, sino también la de su familia y la comunidad.

Ama con locura viajar y siempre soñó con dedicarse a hacerlo. Aunque a sus 60 años ese sueño no lo ha materializado porque atendió primero la vida de otros, no se arrepiente de nada. Después de enseñarle a sus hijos a ser perseverantes y a trabajar cada día con más disciplina para poder alcanzar sus metas, ya en sus años dorados y a sus 43 años de matrimonio, hizo un alto en el camino… y decidió pensar en ella.

Sirvió a la comunidad, apoyando a muchas mujeres, escuchando sus historias y tocando puertas en busca de expertos que las ayudaran a sanar heridas de violaciones, maltratos, sometimientos y abusos. Martha sabía que esas mujeres víctimas no les darían un cierre total, pero con el apoyo adecuado llegarían a mirar la vida con amor y felicidad.

Su padre fue un campesino enamorado de su oficio. Tenía la percepción que la ciudad era muy linda porque había un progreso muy visible y constante, pero sabía que en el campo estaba realmente lo esencial y especial como el agua, el alimento, y un aire puro para respirar. Con esas enseñanzas, poco a poco, la enamoró del campo y del café.

En una pequeña oficina, llena de documentos apilados sobre un escritorio amplio, reposa una placa indicando que es la directora. Frente a él se encuentran dos sillas poco cómodas en las que espera una niña, de aproximadamente 10 años, junto a sus hermanos a que su madre termine su extenuante trabajo y pueda ir a almorzar con ellos. Los niños pasaban todo su día en el colegio, estudiando y ayudándola en los proyectos que iniciaba. Desde entonces nació la pasión de Martha por ser líder y por generar proyectos que hicieran cambios en la sociedad, ayudando siempre a su comunidad.

Amenazada en la soledad

El panfleto con las amenazas en el restaurante fue para Marta la gota que derramó el vaso de agua. Sabía que no solucionaba la situación yéndose y, ante todo, estaba su voluntad de ayudar y no rendirse. Por eso, junto a su compañera, Ana Clara Martínez, buscó ayuda, pero no resultó como ellas esperaban.

“Nosotras prestamos un servicio. Éramos el alma de ese restaurante y lo mínimo era que tuviéramos apoyo, pero los del CEAT (Centro de Estudios para la Población Vulnerable en el área del conflicto de la Universidad de Caldas), de quienes fue la iniciativa de este proyecto, solo nos dijeron “tranquilas, no están solas. No se dejen asustar, sigan como si nada”. Yo dije: “¿cómo que sigan?”.

Martha y su compañera esperaban que les dijeran que eso era inaceptable y que no iban a permitirlo, pero eso nunca sucedió. Decidieron entonces colocar la denuncia en la Sijín… pero no consiguieron la respuesta que anhelaban.

Ellas no son las únicas. Según el informe Más sombras que luces, de la Fundación Paz y Reconciliación, y el de la Secretaría de Gobierno de Caldas sobre la situación de líderes sociales y políticos, son 102 los casos de líderes amenazados en Caldas. Once de ellos en Manizales.

Al pasar los días doña Martha consiguió el apoyo de una ONG en Italia que le aseguraba protección si se iba para allá. A pesar de que fue una decisión difícil de tomar
hizo las maletas y preparó su viaje; pero la vida tenía un plan muy diferente para ella. El 18 de noviembre del 2019 debía salir de Colombia, no obstante a su hija le diagnosticaron cáncer el 16 del mismo mes.

“Soy una mujer muy espiritual, creo en un ser supremo que es Dios. En esos momentos tan críticos lo único que hacía era preguntarle al Señor ¿por qué?, ¿por qué?”. En medio de lágrimas y con voz entrecortada, Martha miraba al cielo y cuestionaba qué era lo malo que había hecho, para que se lo cobraran así. Cuál fue ese acto tan horrible que cometió para que no le diera otra oportunidad. “Esas preguntas, en ese entonces, no tenían respuesta y eso me frustraba. Sin embargo, ahora entiendo que Dios escribe derecho en renglones torcidos. Su respuesta es clara: Él simplemente me quería viva. En Italia yo iba a trabajar con más personas y en medio de esta pandemia, y con mi edad, eso hubiera sido incluso más peligroso que quedarme aquí”.

Mujer y Café

En 2008, por una iniciativa de la oficina de la mujer de la Federación de Cafeteros se crearon los Consejos Participativos de Mujeres Cafeteras, a los cuales Martha - junto a otras campesinas manizaleñas -se vincularon.

En 2010 las mujeres cafeteras de Manizales quisieron conformar su propia junta y separarse de los Consejos Participativos. Fue así como nació la Fundación Mujer y Café que, tres años más tarde y por consejo de la Oficina Jurídica de la Gobernación y por la forma de trabajo tan activa que llevaban, el 8 de marzo del 2013 cambió su figura a Asociación Mujer y Café, de la cual Martha se volvió representante legal.

Entre todas las integrantes cumplieron el sueño de producir un café hecho por mujeres. Después de ese logro, sabían que iban a ser capaces con todo. Comenzaron consiguiendo algunas máquinas como la trilladora y el molino para el café, con ayuda de un programa del Ministerio de Agricultura, apoyo que requirió de mucho esfuerzo y de tocar varias puertas.

La transparencia y la dedicación fue lo que les permitió sacar adelante el proyecto. Todo ese amor y disciplina fueron recompensados cuando el Ministerio de Agricultura, nuevamente, las llamó para ofrecerles su apoyo. Esta vez desde un programa de Oportunidades Rurales. Fue así como obtuvieron los elementos que les faltaban, como la tostadora de café y los papeles para convertirse en una empresa legal.

En 2015 la Asociación Mujer y Café obtuvo el primer lugar del premio Cívico por una Ciudad Mejor, superando a 179 iniciativas. Según don Jairo Muñoz, el esposo de doña Martha, este fue el momento más feliz de su vida, después del nacimiento de sus hijos. Sin embargo, hoy esos logros se han empañado, ya que a raíz de las amenazas que recibió, doña Martha ya no pudo seguir al frente de la Asociación.

Lo anterior llenó de miedo a las otras integrantes. Se imaginaron que ella daría un paso al costado, lo que llevó a que ninguna quisiera tomar el liderazgo. Eso entristeció a doña Martha porque pensó que resultarían candidatas, que seguirían luchando por ayudar a los demás, pero eso no sucedió. Le duele que ese empoderamiento femenino se doblara tan fácil. Aunque estuvo dispuesta a ayudarlas sin estar al mando, no fue suficiente.

Fue a raíz de eso que comprendió que tenía que darle un giro a su vida. La misión de estar al servicio de los otros, que siempre había estado ante sus ojos, se había derrumbado. Ahora debía llenar nuevamente sus manos de amor, pero esta vez no para las personas de su alrededor, sino para ella misma.

Una historia que continuará

Lo último que doña Martha consiguió con la denuncia fue que el juzgado sexto de Manizales ordenara que la protegieran y la sacaran de la ciudad. Ella no aceptó. “Me tocaría dejar todo tirado y eso no lo pienso hacer”, afirmó. Además sabía que a su hija le iban a realizar la biopsia pronto y tenía que estar para ella, pese a lo que resultara.

Según estadísticas gubernamentales, cerca de 33.000 campesinos fueron desplazados entre enero y finales de julio de 2019. Los fondos del restaurante iban para las mujeres que participaban en el programa para la Reparación de la Historia. Doña Martha era la administradora del lugar y trabajaba con jóvenes reinsertados y mujeres víctimas del conflicto.

Luego de perder ese ingreso montó un galpón con cien gallinas ponedoras. Ahora saca huevos a diario y los vende a domicilio. Aunque actualmente trabaja solo para ella, su don de servicio sigue intacto. Por eso quiere crear un proyecto donde dependa de sí misma y no del gobierno para sacar adelante su meta de ayudar a la mujer rural.

Doña Martha ha puesto su vida al servicio de quienes la rodean desde que tiene uso de memoria. Esa es exactamente la huella que quiere dejar. “Espero ser recordada como un ser que quiso sacar adelante a las mujeres, que las quiso empoderar. Y, sobre todo, que quiso mostrar ese valor tan infinito de las personas rurales. Esa valentía tan grande que tenemos las mujeres y esa resilencia para enfrentarnos a la vida”.

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