3,694 kilómetros es la extensión que
separa México de Colombia, es la distancia que separa a Sonia Sánchez Hernández
de su país natal, una encantadora chica de 21 años, de piel trigueña, cejas
negras pobladas, ojos rasgados, de contextura delgada, nariz ancha y un pequeño
lunar encima de los labios, la identifican.
La maravillosa Colima (México), conocida como la ciudad de las
palmeras, expresiva, llamativa, coloquial es el lugar de origen de Sonia, allá
estudia Mercadeo y Relaciones Públicas; especifica que no es una carrera muy
común, por lo que no fue fácil encontrar una universidad que cubriera las
materias de su semestre, hasta que encontró la carrera de Comunicación Social y
Periodismo en la Universidad de Manizales (UM) en la capital caldense.
Todo pasa por algo, mil y un razones
para saber que estás destinado a estar en el lugar indicado y que es para ti.
En búsqueda de una magnífica universidad para el intercambio, Sonia fue
investigando a la vez el lugar ideal para poder hacerlo, a pesar de conocer que
el país fue víctima de la violencia y el narcotráfico capítulos atrás, sabía
que era algo que había cambiado con el tiempo, pero por su tranquilidad y la de
sus padres averiguó las ciudades con mejor calidad de vida en Colombia, entre
ellas, Manizales, la grandiosa ciudad que describen como fea, fría y falduda,
quien resultó ser la opción perfecta para sus intereses.
Casi dos meses cumple Sonia como
estudiante extranjera de sexto semestre, en la UM. Consciente de que
enfrentarse a un nuevo país es difícil, no fue un impedimento para realizar
esta travesía de su vida.
Ni salsas, ni paquetes de comida
hicieron parte de su aventura a Colombia, donde el extremo del picante no
existe, si no de lo dulce. Extrañando su
bello hogar, sus grandes tradiciones y su enriquecida cultura, Sonia
durante los primeros días, fue en busca de ingredientes para preparar sus
propias salsas picantes y sentirse cómoda, como en casa.
Experimentar los alimentos ha sido un
reto muy grande para ella porque definitivamente dice que la comida es lo que
más extraña de su país, su aventura no solo ha sido conocer los lugares
turísticos más importantes del departamento o pasear los bellos pueblos y ciudades de Colombia,
también enfrentarse a probar las comidas típicas. Acepta estar enamorada de la
bandeja paisa y las empanadas, como también de las frutas exóticas, que no
conocía, como el lulo y maracuyá, dice
que las sopas han sido su peor enemigo y que el café, sin duda, es el mejor del
mundo.
Con su familia se comunica todos los
días, cuando el tiempo no es favorable para una larga llamada por Whatsapp,
siempre se notifica con ellos, así sea mediante un mensaje corto que diga que
está bien o que ya está en casa. Sonia vive en frente de la Universidad, ya que
el convenio que tiene con el intercambio ofrece una beca (PILA) que incluye
alimentación y hospedaje para el semestre. Sale de su casa faltando cinco
minutos para que empiecen las clases,
solo estudia tres días durante la semana, así puede salir a correr, leer
o pasear con sus amigos que también son extranjeros.
Por lo pronto, Sonia califica el tipo
de experiencia como un 90% bueno y el 10% malo, como todo en la vida, nada es
perfecto. Marearse, por el cambio de altura, ser feliz por el clima, estresarse
por la bipolaridad de la temperatura, gozar del fabuloso verde de las montañas,
extrañar las estaciones, disfrutar de los grupos pequeños de estudiantes que
hacen de las clases personalizadas, poder comparar la educación de dos países
diferentes y la calidad entre una institución pública y privada, tener la
oportunidad de adelantar materias de otros semestres, poder ver clases
homologables en otras universidades de la ciudad, entre otras, son las razones
para sacar este 100%.
Hacer un intercambio tiene más
aspectos positivos que negativos, se gana más de lo que se pierde, conocer
otras culturas… vivir nuevas experiencias… madurar y apreciar tu país porque
estás lejos, te llenan. Sonia en su regreso planea conocer lugares típicos de
México, este viaje le ha hecho valorar más lo que conoce y lo que le hace falta
conocer de su país. Argumenta que Manizales es una ciudad muy cálida y las
personas son muy amables, está muy feliz de estar aquí y antes de terminar su
travesía el 10 de junio desea ir a visitar toda la costa atlántica colombiana.

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