Colombia, con el pasar del tiempo, ha normalizado ciertos temas como el
aborto y la homosexualidad, aunque, aún falta demasiado por avanzar. Mientras
unos rechazan y excluyen de manera severa a la comunidad LGBT y les niegan la
oportunidad de progresar, para Carlitos Vargas, como le dicen de cariño, esta
característica ha sido su mayor fortaleza.
Conseguir entrevistar al alma de La
Red, programa que es transmitido los fines de semana por el canal Caracol,
no fue tan complicado como JBalvin o las Kardashian, pero esto no quiere decir
que cuando sale por las calles de Bogotá (ciudad de residencia) no es observado
y reconocido como toda una estrella de la televisión. Su personalidad
arrolladora y jocosa traspasa la pantalla chica, y se comprueba en su hogar, un
apartaestudio elegante y moderno de soltero, ubicado entre el norte y el centro
de la capital del país.
Es un hombre bastante exitoso, con gran trayectoria y de gran
influencia. Es arriesgado, carismático y “berraquito” como él mismo se define.
Escogió la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá, para estudiar
Comunicación Social y se convirtió en
uno de los mejores periodistas de entretenimiento de Colombia, así lo tildan
diferentes medios del país.
Su autenticidad ha sido su fuerte en el momento de hacer las entrevistas
y llegarle a las celebridades. Tiene el talento de preguntar cualquier cosa sin
que el entrevistado se ofenda y esto es gracias a su carácter y
profesionalismo, el cual lo ha llevado a tener cantidad de ofertas laborales,
sin embargo, Carlos Humberto Vargas Moreno anhela permanecer en el canal
Caracol que ha sido su segunda casa por más de ocho años, y compartir con sus
amigos colegas del programa de chisme más reconocido del país.
Aunque es una persona trabajadora y que lucha por cumplir sus metas,
maneja muy bien su tiempo, de manera que todo camine en orden, su familia es lo
primordial y se enorgullece al hablar de ella.
Hijo de Aída Moreno, una mujer dedicada a su hogar que salió de la casa
de sus padres casada, es alegre y “parrandera”, según Carlos, él es la versión
de su madre pero hombre. Su padre Carlos Álvaro Vargas, conocido y condecorado
oficial del ejército, es un hombre muy reservado, pero cariñoso a la vez, se ha
convertido en un gran aliado para que su hijo tenga la seguridad que lo
diferencia entre muchas personas. Aunque hace unos años no tenían una relación
cercana debido a la dureza de su padre al educarlo, ya que gracias al secreto
que guardaba Carlitos no podían tener un buen acercamiento de padre e hijo por
temor a lo que su papá podía pensar.
La familia Vargas Moreno vivía de un lugar a otro, de forma nómada,
debido a que Álvaro tenía como función vigilar los batallones de todo el país,
por esto mismo, su hijo tuvo la oportunidad de entrar a varios colegios, cosa que
le permitió relacionarse y hacer amigos fácilmente.
Nació el 23 de marzo de 1979 en Cartago (Valle del Cauca) y tiempo
después se fueron los tres por ocho meses a vivir en La Tagua (Putumayo), aun
cuando las cosas se tornaban difíciles debido a que era una zona selvática para
la familia llegó una alegría inmensa, Aída se encontraba en embarazo y más
tarde daría a luz a Viviana Vargas Moreno, por esta causa, todos decidieron
volver a Cartago.
Pasaron de vivienda en vivienda por Manizales, Bogotá, Chiquinquirá,
hasta que Álvaro se retiró del ejército y retomaron sus días en familia en la
ciudad del sol más alegre de Colombia (Cartago), donde crecieron sus hijos.
Carlitos por su parte cuenta que adoptó esta cultura y personalidad cartagüeña,
chistosa, montadora y fue, para él, primordial al formar la persona que es hoy
en día.
El sueldo de su padre como militar no era suficiente para mantener a la
familia, optó por coger su maleta y buscar un nuevo rumbo en donde terminarían
de formarse sus dos hijos, de esta forma llegó a la capital del país y preparó
todo para la llegada de su esposa e hijos. Fue muy extraño para el joven llegar
a una ciudad gigante, sin amigos, y encontrarse con que su padre lo había
matriculado en un colegio militar para terminar su bachillerato, Academia
Militar Nacional Héroes Granadinos. Allí comenzaron muchos momentos de burla y
bullying, no podía ser él, por lo que adoptó comportamientos muy diferentes
para que su estadía en aquel lugar fuera llevadera; él comprendió que la vida no
sería “color de rosas” y más si físicamente luce como “hombre”, pero se sienta
y mueve la muñeca como “mujer”.
Carlos Vargas desde sus seis años, sentía que no era un niño normal, que
no le gustaba jugar con las cosas que un chiquillo usaría para divertirse, y
por el contrario, le llamaba más la atención pasar tiempo con niñas. Pero por
la severidad de su padre al tratarlo y educarlo como un militar, esperaba ver a
su hijo siguiendo sus pasos, pero esto no era lo que su pequeño quería, y a
medida que iba creciendo, él decidió pasar más tiempo con su mamá y la
confianza hacia ella era incomparable.
Un día, en familia, compartiendo, se destapó la olla que venía hirviendo
desde hace mucho tiempo, era el secreto que tanto lo agobiaba, ese mismo
secreto que lo llevó a la desesperación, duda y remordimiento, al bullying
y a la burla de sus compañeros, pero que
también le costaría fuertes palabras y rechazo por parte de su padre.
Mientras se encontraban los cuatro en casa, Viviana y su hermano
comenzaron a discutir y a decirse palabras sin pensar, ella de la misma ira que
tenía le gritó, echándole en cara lo que sabía - teniendo en cuenta que era la
única persona conocedora de lo que guardaba su hermano- y justo en ese momento,
Carlos con toda su fuerza afirmó: “¡SÍ, SOY MARICÓN!”. Todos quedaron en shock,
paralizados, mientras el muchacho homosexual ya se sentía liviano, sin la carga
que fue difícil de ocultar por tantos años y solo esperaba la respuesta de su
familia. Su hermana se disculpó por lo ocurrido, pero de igual forma, fue un
empujón necesario para que él lo hiciera de una vez por todas, y así fue como
Carlos Vargas a sus 17 años, salió del closet.
Su madre, lo aceptó, lo apoyó y no permitió que él fuera de casa. La
relación padre e hijo no era la mejor, vivían en el mismo hogar, pero no
convivían. Permanecieron sin hablarse un tiempo, pero al final, el amor ganó y
su padre lo aceptó. Don Álvaro nunca ha sido de demostrar tanto su cariño, es
más bien un poco discreto, y a su forma, le demostró que lo amaba y lo apoyó en todas sus decisiones.
El joven salió del bachillerato y comenzó su vida como universitario en
Bogotá, al entrar tenía un poco de miedo y decidió cubrir su amaneramiento como
lo hacía en el colegio y en su casa, pero sin esconder nuevamente sus
preferencias sexuales. Se convirtió en la persona cansona del salón, el
montador.
Hizo su carrera de comunicación social, soñaba con ser artista, no sabía
si como cantante o actor, pero encontró su pasión en el periodismo. Dos meses
antes de terminar la carrera, comenzó su vida laboral como practicante gracias
a uno de sus mejores amigos, Jaime Alfonso, y tuvo la entrada en Sweet “el dulce sabor del chisme”, un
programa de farándula transmitido
principalmente por el Canal Uno.
Un 28 de diciembre, Vargas recibió una propuesta de la directora del
canal, necesitaban a un practicante en Sweet entre semana. Olga San Martín
(directora del canal) le expresó que necesitaba en el programa una persona como
él, carismático, que fuera todero y allí comenzó Carlos Vargas a cubrir el
proyecto. Él con tal de aprender hizo de todo al lado de los más grandes y
profesionales, desde llevarles el café, hasta abrirles la llave de sus tinas en
los momentos de descanso y para él, esto no era humillante. La directora vio las
ganas y la pasión de Carlos por ser reportero y en un bajón de rating, se
convirtió en el asistente general de Olga.
Tiempo después Olga, junto al productor ejecutivo, le manifestó que le
encantaría que hiciera una sección que se llamara La Crónica Rosa de Carlos
Vargas, donde tenía que entrevistar en fiestas y discotecas, en ese momento le
dio pavor porque el productor le estaba pidiendo que fuera extrovertido y que
“mariqueara” y por Vargas no había problema, pero le aterrorizaba el qué dirán,
no quería estar caminando tranquilamente
por la capital y que las personas le gritaran y se burlaran de él. Al final no
le hizo caso a sus pensamientos y con berraquera, aceptó la propuesta, hizo
pruebas piloto y casualmente en esos días era el lanzamiento de Caracol Radio,
cuando este dejaba de ser parte del grupo Santo Domingo, al que pertenece
Caracol Televisión y pasaba a ser del Grupo Económico Prisa y allí se
encontraba la crema innata de la farándula, como por ejemplo Julio Sánchez,
Gloria Alicia Castaño y su esposo, personas que adoraban Sweet, y justo en ese
momento Carlos sintió una plenitud que lo enorgullecía, comenzó a salir en
cámaras, ya que fue aprobado después de las pruebas realizadas y a viajar por
todo el país.
Como respuesta de su profesionalidad le ofrecieron otra de sus metas más
grandes que era trabajar en radio, en el cual duró cinco años por petición de
Karen Venazco, que se encontraba al frente de Radiopolis. Fue tan gratificante
y triunfante la experiencia, que lo llamó Colprensa, una de las empresas
editoriales más prestigiosas de Colombia y comenzó a escribir con ellos
mientras trabajaba a su vez con la emisora.
En un tiempo, el presentador se estaba sintiendo estancado y quería algo
más que periódicos y emisoras, ya sentía que había pasado su ciclo en estos
temas y quería más logros, más experiencias y, tiempo después, recibió una
llamada de Ivan Lalinde, quien lo invitó a un almuerzo para comentarle un nuevo
proyecto que quería comenzar el Canal Caracol, llamado La Red Social. Caracol tenía muchos “chismosos” para presentar el
programa, pero lo preferían a él, justo lo que Carlos anhelaba, a lo que él
contestó un contundente sí y La Red se convirtió en su casa.
El ser gay para él es su mayor fortaleza, le ha abierto puertas y lo ha
ayudado a cumplir sueños. Es admirable por su valentía al ser una figura
pública con tanta propiedad, “yo creo que Dios me hizo diferente para hacerles
entender, que a la gente se le quiere por lo que es, no hay necesidad de nada
más”, aseguró Carlos Vargas. En el corazón de este ser humano, es más
importante ganar la fama siendo amable con las personas que lo rodean, que
ganársela por salir solo en televisión, y evidencia de esto es el señor que
pasa todos los días a recoger el reciclaje del barrio que con mucha alegría lo
saluda ¡Ey, Carlitos! O también, la persona que le colabora con la limpieza de
su apartamento todos los días, expresó su gratitud y agradecimiento por
Carlitos, sus palabras solo estuvieron llenas de amor y cariño.
Como profesional lo diferencia su forma de llegar a las personas, no le
da miedo ni vergüenza preguntar algo, y tiene muy claras las técnicas para
lograr una excelente entrevista, algunas de estas son: uno, tener especialmente
la información que se va a dar a conocer; dos, estudiar el personaje; tres,
generarle confianza a la persona, cuestionar cosas dóciles, amables,
informativas y notorias. En algún momento pudo haber sentido ganas de hacer
otra cosa, pero conoce que su alma está ligada al entretenimiento, sea en
televisión, radio o un canal de YouTube. Su misión es hacer reír y divertir a
la gente, por el momento está trabajando y estudiando la posibilidad, de más
adelante, ser un empresario del entretenimiento.
Algunas personas llegan a fastidiarse porque les piden selfie’s en vías
públicas o peor aún, si los observan haciendo cosas extrañas, les toman fotos
sin que ellos puedan reaccionar al respecto y las difunden en las redes, sus
vidas dejan de ser personales. Este tipo de cosas, Carlos aprendió a manejarlas
y a disfrutarlas, no es engreído como muchos pensarían, es más bien una persona
que quiere que lo vean con respeto y admiración, le gustaría que el mundo
supiera que, si lo ven en las calles de cualquier ciudad, pueden saludarlo con
amor y que por ser gay lo hieran.
Además de sus horarios para grabar el programa, los días viernes y
sábados, el presentador es amante de las tardes en su cama y ver netflix, con
el clima de Bogotá. También ama hacer ejercicio y salir de shopping. No le
gusta salir a rumbear en discotecas, prefiere realizar un buen paseo con amigos
cercanos a otras ciudades y/o pueblitos, como también es fan de los festivales
y ferias, estas son las fiestas que lo emocionan. No se sabe si se acerca o si aún está lejos
el momento en el que se retire de las pantallas.

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