Un sueño hecho tragedia



24 de diciembre, todos recuerdan esta fecha como el día más especial del año, pues se celebra la vida, el nacimiento del Niño Jesús. Sin embargo, en un corregimiento pequeño de Caldas llamado Samaria, la familia Martínez lo recuerda como el peor día de su vida, reviven el asesinato de un ser querido.
23 años atrás, la familia Martínez esperaba esta fecha con ansias, quienes por tradición lo celebraban por lo alto: parranda, trago (Ron con limón), chicharrón, natilla, buñuelos, champaña, cena de las doce de la noche y por último y algo que no les podía faltar eran los disfraces con los que hacían juegos para imitar personajes del pueblo o crearlos. La noche se iba entre cantos y muchas carcajadas. Lo que nunca se imaginaron era que este día moriría Víctor Adrián Martínez.
Isabel Martínez, la madre de Víctor, se caracteriza por tener muy buen humor, una sonrisa permanente y una personalidad extrovertida, pero esa característica se desvanece cuando al recordar a su hijo no puede dejar de llorar. Su voz se quebranta y unas cuantas lágrimas empiezan a derramar...toma un vaso de agua y en medio del temblor de su cuerpo asegura que le duele hablar de él como los primeros días de su fallecimiento.
Cuadra sus gafas, mueve su cabello tan rápido como la aceleración de su corazón, cruza sus piernas, busca una posición cómoda en el asiento que se encuentra, su actitud cambia y al tiempo su rostro. El brillo de su mirada cada vez se va perdiendo más, pues está a punto de narrar el día que tuvo que enterrar su hijo de tan solo 19 años.
Como toda madre, ella no deseaba que a su hijo le cortaran las alas tan rápido, y más cuando él tenía tantos sueños por cumplir, como, por ejemplo: llegar a ocupar un alto mando en el ejército. “Mi niño siempre me dijo: mami yo quiero llevar ese camuflado puesto y con ese camuflado me lo mataron” aseguró Isabel Martínez.
24 de diciembre de 1996, 5:30 pm. Toda una familia preparándose para recibir la noche buena. Suena el teléfono de Edilma Martínez, la hermana de Isabel. Era Víctor quien llamaba para comunicarse con sus parientes y hablar con su madre para desearle lo mejor de la noche.
La distancia de una casa a otra era aproximadamente de cinco minutos. Los hijos de Edilma, llamaron a su tía Isabel para que pudiera hablar unos cortos minutos con su hijo, pues la señal telefónica era muy mala.
Isabel, en el instante que se enteró que su hijo la estaba llamando salió corriendo, sin embargo, cuando llegó donde su hermana la llamada se había cortado. Esta mujer al ver que no logró hablar con su hijo se conmovió, aunque sabía que al otro día iría a visitarlo a la Escuela del Ejército.
Los preparativos avanzaban, se presumía que toda la familia iba a estar presente, el único que faltaría sería Marino, uno de los hermanos mayores de Isabel. Cada minuto la parranda era más emocionante, hubo un momento en el que todos bailaban y tomaban con efervescente alegría.
Tocaron la puerta del sitio donde se estaba realizando el festejo “…desde que abrieron la puerta y vi que era Marino presentí algo, pero nunca me imaginé que fuera algo tan malo. Lo primero que me imaginé era que le habían robado a mi hermana Consuelo, a lo que pregunté y Marino me respondió que no, que lo que pasaba era que Víctor se había matado, me lo dijo así, a quema ropa.  Hijueputa, mis piernas no podían sostenerme y mi corazón se negaba aceptarlo. Caí desplomada al piso sin perder la conciencia, pero al mismo tiempo mi ser no estaba en el lugar”, afirmó Isabel. 
En esta fiesta ya todo era amargo, pues las risas incontrolables se dejaron de escuchar, de pronto se empezaron a sentir fuertes llantos en medio del silencio, y exclamaciones de dolor. Algunas personas que estaban en el sitio parecían perder la cordura, pues era una mezcla entre aguardiente y la sensación de pérdida.  
La familia de Isabel no tenía una buena situación económica, por lo que no contaban con un carro para poder movilizarse hacia al Batallón Ayacucho en Manizales, donde inicialmente se creía que se tenía el cuerpo de Víctor. Carlos Giraldo, el dueño de los jeeps de Samaria, al ver el desespero de esta madre le prestó uno de sus carros para que ella y su familia pudieran desplazarse hacia la capital de Caldas.
Mientras que viajaban, Isabel tenía la esperanza de que no fuera su hijo, que todo se trataba de una horrible confusión “el carro donde íbamos estaba malo, y yo quería que fuera más rápido, a mí no me importaba si me mataba y si ese tiesto se volteaba, pues decían que mi niño estaba muerto. Yo fui muy inconsciente, me estaban olvidando de mis otros cuatro hijos”, aseguró Isabel Martínez.
Llegaron al Batallón Ayacucho, y allí les dieron la noticia de que Víctor no se encontraba en aquel lugar, sino que lo habían trasladado al hospital de Chinchiná. Isabel, en un primer momento le exigió al Ejército que le ayudaran con el transporte, ya que solo tenían permiso de movilizar el carro hasta Manizales. Pasaron varias horas para resolver la situación.
Llegando a Chinchiná a la primera persona que se encontraron fue al Cabo Segundo del Ejército, Walker Santiago Giraldo, quien se dirige a Isabel en el momento en que la ve diciéndole que lamentaba mucho la pérdida del Dragoneante Martínez, y que tuviera presente que él se había matado por culpa de ella, debido a la conversación que tuvieron horas atrás.
“Yo solo pensaba este desgraciado de dónde sale con esto si yo ni siquiera pude hablar con Víctor. Veía chiquitico a ese perro, sin embargo, mi hijo mayor Alejandro me jaló y me dijo que no le parara bolas” Aseguró Isabel.
La familia Martínez, llegó a la morgue del Hospital de Chinchiná, Víctor estaba ahí, aún saliéndole sangre de sus oídos y nariz. En ese momento todos los parientes se hicieron la idea de que sí se trataba del niño que todos admiraban y amaban tanto. Según estos, el balazo que tenía en su pecho se veía como un quemón de cigarrillo. 
Las horas pasaban y todavía no les aclaraban bien la sucesión cronológica de cómo sucedieron los hechos, solo sabían que Dragoneante por una razón extraña se había quitado la vida.
Un funcionario de la fiscalía se les acercó y les susurró que en la muerte de Víctor había gato encerrado, puesto que le realizaron la prueba de Parafina y Alcoholemia y estas salieron en perfectas condiciones.
Uno de los hermanos de Isabel, Carlos Jaramillo, perteneció al Ejército (Sargento Segundo) y al enterarse de que posiblemente su sobrino no se había suicidado le pidió al funcionario de la Fiscalía que lo acompañara a la escuela de militares para recopilar información de los que prestaron servicio esa noche.
Una vez que estaban en el lugar de los hechos, de una manera no muy sutil les exigieron a los soldados que declaran sobre lo ocurrido. Algunos de ellos contaron que el Dragoneante, alrededor de las ocho de la noche, le sugirió al Cabo Walker Santiago, que repartiera los alimentos que tenían. “Quieres galletas lo que te voy a dar es esto hijueputa y le hizo el tiro a mi niño” afirmó Isabel Martínez.
Después de tener esta información y tener testigos emitieron una orden de arresto hacia el Cabo, justo cuando fueron a arrestarlo él estaba en el Hospital de Chinchiná con la familia Martínez. En ese momento le dijo a Isabel que tuviera los pantalones para decir la verdad, de que su hijo se había quitado la vida por culpa de ella, a lo cual Isabel le respondió que todo era una farsa que nunca se pudieron comunicar. Fue recluido en la estación de Chinchiná.
Ese mismo día la Fiscalía y los entes encargados le realizaron los estudios pertinentes al Cabo: Parafina y Alcoholemia los cuales salieron positivos, también se enteraron de que portaba un arma sin papeles, y esto lo hacía aún más sospechoso.
El 26 de diciembre, se llevaron a cabo las exequias de Víctor Adrián Martínez, en su corregimiento de origen. La Escuela del Ejército hizo un homenaje en su nombre, especialmente por su buena conducta y excelencia académica, ya que en poco tiempo llegó manejar un pequeño escuadrón.
Meses después, se hizo la primera audiencia donde, el Cabo Walker Santiago Giraldo, confirmó lo que ya se suponía, que él había herido a muerte a Víctor Adrián, excusándose de que tenía unos tragos de más aquella noche.
La familia Martínez asegura, que esta noticia nunca salió en ningún medio de comunicación ni siquiera en el periódico regional (La Patria). Hasta la fecha de hoy se están realizando audiencias para pensionar a Isabel por la muerte de su hijo.


Revista Solsticio

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